Una extraña obsesión populista: culpar al periodismo por informar

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Una extraña obsesión populista: culpar al periodismo por informar

Estados Unidos

La Noticia Deseada. Para Trump es la utopía de la comunicación tutelada y regimentada por él mismo. Es aquella que los gobiernos pretenden que se difunda.


Es extraña la obsesión populista con los medios de comunicación. Donald Trump encarna hoy la máxima expresión de esa manía: culpar al periodismo por informar. Difamar y maltratar a los hombres de prensa. Chivos emisarios de todos lo males.

El lunes reprendió a los gritos y cara a cara a los editores de las más grandes cadenas de su país. Se encaramó especialmente contra The New York Times, el diario que eligió como su enemigo dilecto. El presidente electo subió la voz antes los editores como si fuera un preceptor escolar.

¿El motivo de su furia? Claramente no los ve dispuestos a obedecer sus deseos propagandísticos. Ni a omitir las evidencias de la yuxtaposición de sus intereses empresarios con los de su nuevo rol presidencial. Usó Twitter para vociferar la “corrupción” y “deshonestidad” de los medios.

Una cantinela que aquí conocemos muy bien. La Noticia Deseada por Trump es la utopía de la comunicación tutelada y regimentada por él mismo. La Noticia Deseada es, entre otras cosas, aquella que los gobiernos, con buenos o malos modales, pretenden que se difunda de sí mismos. Por eso suelen preferir el contacto directo que ofrecen las redes sociales a la mediación crítica del periodismo. Será un boomerang para Trump. Le está haciendo un inmenso favor a la prensa autónoma intentando enmudecerla con bravatas.

Llega un gran momento para The New York Times y los demás. Se vuelven más urgentes las investigaciones, los columnistas, los periodistas. De hecho, desde que Trump ganó The New York Times aumentó exponencialmente su audiencia. La prensa norteamericana se expone al magnífico desafío de desobedecer los deseos presidenciales. Hay dos campanas. Trump y los periodistas. Y Trump no es el más creíble. Aunque por el momento su estilo temperamental persuade emocionalmente a muchos millones, esa gravitación vibrante que ejerce sobre sus votantes no necesariamente se articula con verdades. De hecho, su campaña fue un muestrario de adicciones a los mitos y a la ficción: Obama no nació en EE.UU., el responsable de difundir los mails que comprometían a Hillary Clinton se suicidó, y muchos otros teleteatros montados para aglutinar audiencias detrás de espejismos truculentos.

Esos trucos son tan viejos como la historia de Occidente. Los sofistas en el Siglo V antes de Cristo codificaron el arte de mentir y persuadir en detrimento de la verdad en general desencantada.

Trump, el nuevo Sofista, el nuevo Master of The Universe de la Noticia Deseada. No inventó nada. Reedita la cruel historia de los deseos del mandamás de turno. Es el nuevo liderazgo que recurre a los más antiguos ardides para imponer su visión unidimensional. Comienza para él una batalla más difícil que la electoral. No podrá subordinar al periodismo.

Afortunadamente.


Source: Internacionales

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