Copa Davis, la final Argentina-Croacia: una ilusión, una oportunidad histórica, un equipo, un país

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Copa Davis, la final Argentina-Croacia: una ilusión, una oportunidad histórica, un equipo, un país

Tenis

Quienes buscarán la Ensaladera como visitantes no estarán solos. Por qué la quinta puede ser la vencida.

Caras visibles. El capitán Orsanic, Del Potro, Delbonis, Pella y Mayer. A ellos los acompañarán muchos y los respalda una enorme esperanza. (Germán García Adrasti / enviado especial)

Caras visibles. El capitán Orsanic, Del Potro, Delbonis, Pella y Mayer. A ellos los acompañarán muchos y los respalda una enorme esperanza. (Germán García Adrasti / enviado especial)

Acaso no se hayan detenido a pensarlo, pero esos cuatro jugadores no están solos aquí en el otoño de Zagreb, donde el frío amenaza pero no concreta y la noche desplaza al día demasiado pronto. Una aventura como ésta necesita de sostenes diversos. Algunos obvios, fácilmente observables; otros imperceptibles, silenciosos, igual de valiosos. Ganar la Copa Davis por primera vez en la rica historia del deporte argentino requiere de múltiples empujes. Y ellos los tienen.

Cada movimiento de Juan Martín Del Potro, Federico Delbonis, Guido Pella y Leonardo Mayer es apuntalado por un equipo de trabajo meticuloso y de bajo perfil. Ese es el respaldo más explícito. No hay detalle librado al azar en el grupo que comanda Daniel Orsanic y al que acompañan los colaboradores personales de cada uno de los tenistas. Hay un grupo de muchachos vestidos de azul Francia que a veces parece un ejército bien disciplinado y a veces un grupo en viaje de egresados, como cuando arribaron a la ceremonia del sorteo en una combi que estuvo a punto de volcar por el zamarreo al ritmo cuartetero del malogrado Rodrigo. La logística, los masajes. Encordados, vitaminas, zapatillas, muñequeras. La táctica y la estrategia. Una botella de agua después de un ejercicio exigente. Todo al servicio de la causa.

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Hacen fuerza también, a la distancia o en algunos casos aquí mismo, familiares y amigos. Gente que sabe y hace saber que todo esfuerzo vale la pena, que está siempre en los festejos pero que jamás faltó o faltará en las otras, cuando dan ganas de llorar y largar todo. Padres, parejas, hermanos, compinches. Se trata de una presencia que se siente, se intuye. Un mensaje, un llamado, un posteo, un beso. Eso también suma y ayuda. Y de qué manera.

A ese grupo que está listo para la hazaña lo empuja al mismo tiempo una legión de seres anónimos: los hinchas. Un puñado de ellos -miles esta vez, en realidad- tuvieron la fortuna de poder acercarse para acompañar, disfrazados de celeste y blanco y cargando ellos también con sus sueños a cuestas. Pero son los menos. La situación no siempre da para semejante lujo. Están quienes se embarcaron en la aventura aquel viernes en el que Del Potro le ganó a Andy Murray en Glasgow, cuando vieron semejante triunfo por TV y decidieron que serían testigos de algo grande que se estaba gestando. Los Walter, los Nuri, los Daniel, los Marcelo, los Inés…

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En cada oficina, en cada confitería de club de tenis a lo largo del país, frente a las pantallas de tevé de las casas de electrodómésticos, en el taxi o en la escuela habrá por estas horas argentinos palpitando esa locura que arrancó en marzo en Polonia y llegó a noviembre y a Croacia. Los que saben de tenis, los que tienen alguna idea y los que creen tenerla. Los que se juntan a jugar una vez por semana con el dobles como excusa para comer y reír. Los analistas cuidadosos y los fanáticos de las sentencias. Los de Boca y los de River. Los de Gaudio y los de Coria. K y anti K. Estos tres días se encolumnarán todos atrás de la causa.

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Entra en escena para hacer su aporte la historia del tenis argentino, capaz de traccionar con su fuerza arrolladora como lo hizo tantas veces. Los 78 argentinos que jugaron alguna vez la Davis, desde aquella excursión que Carlos Caminos, Ronald Boyd, Guillermo Robson y Alfredo Villegas encararon en junio de 1923 en Ginebra con derrota ante los suizos. El enorme Guillermo Vilas, símbolo del tenis argentino y de la Davis con 29 series jugadas en 14 años y 57 victorias entre singles y dobles. David Nalbandian, que la sintió tan cerca después de tanto. La magia de Gaby Sabatini. Morea y Baylon. Y los cuatro equipos que la tuvieron ahí nomás en Cincinnati, en Moscú, en Mar del Plata y en Sevilla.

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Como se ve, no les falta compañía a esos jóvenes que se citan con la historia. Y los arropan, por si algo faltara, esos héroes que de tenis saben poco, pero sí entienden de epopeyas memorables. Los llevan de la mano los campeones mundiales del 78 y el 86, los de basquetbol del 50, Porta y todos Los Pumas, Ginóbili y los Dorados, Leones y Leonas. Saben que en esa galería de logros colectivos hay un lugar vacante que es del tenis por tradición, por golpear tantas veces las puertas de la gloria. Los están esperando. Si hasta eligieron a su máximo exponente -digan lo que digan- para que se acerque hasta aquí y los represente a todos. Será difícil que la presencia de Diego Maradona les resulte indiferente.

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A jugar. Los cuatro protagonistas de la historia llegan con un enorme respaldo a una oportunidad gigante de grabar sus nombres en letras de molde. El sustento que aportan su equipo, sus afectos, la gente, el tenis argentino. Y el deporte de un país tan loco por el deporte. Es una oportunidad única de competir disfrutando para intentar conseguir lo que cuatro veces no se pudo.

La frase la inmortalizó Javier Mascherano antes de la definición por penales frente a Holanda en el Mundial. “Hoy te convertís en héroe”, le dijo a Chiquito Romero. Ahí van Del Potro, Delbonis, Pella y Mayer. Apoyo no les falta.

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Source: Deportes

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