#ParaQueNoTePase: el emotivo mensaje leído por Luis Novaresio y Lorena Maciel

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Hoy es un día histórico, por primera vez los familiares de las víctimas y víctimas de distintos hechos violentos y evitables nos juntamos para un reclamo unísono. El mismo que venimos llevando desde hace muchos años a través de nuestras luchas individuales o colectivas, el mismo que nos convoca y nos motiva:

Todos nosotros fuimos ciudadanos comunes, que proyectamos una vida, que albergamos sueños, que trabajamos para tener una vida plena y que, como hombres y mujeres de bien, hemos puesto en el Estado la confianza pública necesaria en el ejercicio cívico democrático. Un día, en un instante, nos convertimos en víctimas o en familiar de una víctima. Hemos enterrado hijos, madres, hermanos, esposos, esposas, hemos enterrado sueños, alegrías, proyectos, y muchas veces, la esperanza de obtener justicia. Dejamos de ser quienes éramos para convertirnos en seres dolientes que sólo encuentran acompañamiento en otros, a los que el dolor les tocó a la puerta un tiempo antes y que se convierten en los nuevos compañeros, en referentes, en amigos, pero que tienen las mismas posibilidades que nosotros para explicar el porqué de tanta indiferencia por parte del Estado.

Son tantas las razones que nos convierten en familiar de víctima que se hace imposible entender a quien mira para otro lado. Femicidios, asaltos, robos, corrupción estatal, desidia, codicia, muertes viales, impunidad… cada día, y en cada rincón de nuestro país el número de víctimas aumenta, los familiares de víctimas nos reproducimos y durante años vemos que esta realidad no se modifica sin generar en nuestros representantes la urgencia que amerita.

Los hechos que hemos vivido pueden ser muy diferentes, pero el camino transitado como víctima o familiar de víctima ha sido para todos el mismo. Quizás, alguno haya tenido mayor o menor presencia en los medios, pero los medios no son quienes nos deban respuestas. Los medios son el objetivo desesperado al que acuden las víctimas demostrando que, años de falta de respuestas por parte de las instituciones estatales son el fundamento del descrédito que tiene la ciudadanía en ellas.

Tenemos como denominador común el dolor, pero también la búsqueda de justicia. Sentimos la imperiosa necesidad de levantar la voz para que se nos escuche, porque sabemos de qué estamos hablando, porque sabemos que hay miles como nosotros que no tienen posibilidad de hacer público su caso, pero que en soledad y con la vida destrozada tienen las mismas necesidades.
En cada escenario del que el Estado se ausenta los ciudadanos comunes somos víctimas de inseguridad, de impunidad y de injusticia y es ahí donde nos convertimos en familiares de víctimas o víctimas. Y se suma al dolor, comprobar que el Estado tampoco está presente, dejándonos abandonados por segunda vez.

En el peor momento de nuestras vidas nos enfrentamos a un Estado ausente que no tiene la capacidad de mirar a las víctimas de su propia ausencia, que mira hacia otro lado porque en su necedad entiende que no vernos es una manera de desaparecernos. Nos convierten en invisibles en el mismo momento en que nos convertimos en víctimas, y así lo sentimos. Somos invisibles para los funcionarios que nos deben asistencia, somos invisibles para los legisladores que no priorizan leyes que evitarían a otros seguir nuestro derrotero, somos invisibles para quienes tienen en sus manos la imprescindible tarea de conceder justicia.

Fuente: Infobae


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