Argentina derrotó a Uruguay por 1 a 0 en un clásico emotivo y caliente

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En un clásico durísimo, caliente y con emociones hasta el final, Argentina derrotó a Uruguay por 1 a 0 por el gol de cabeza de Agüero a los 12 minutos del complemento, tras una jugada digna ‘del campito’, de Pastore.

El equipo de Martino fue maniatando al de Tabárez con el correr de los minutos, se adueñó del terreno y la pelota y le dio volumen y continuidad a su ataque.

Uruguay encontró en un cabezazo de Godín y otro de Rolan las chances aisladas, por una mala marcación de los nuestros en sendas pelotas cruzadas, para ponerse en ventaja.

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Al promediar el primer tiempo, los charrúas solo rechazaban la pelota del área, y si Argentina no convirtió fue por el gran partido de Godín, la seguridad de Muslera y porque Di María, en las dos que pisó el área -una de cada lado-, remató sin puntería.

El primer tiempo fue muy favorable para los de Martino (luego en conferencia diría «similar durante 70 minutos al rendimiento que tuvimos ante Paraguay»), pero en el complemento todo cambió.

Tabárez ajustó marcas, liberó al ‘Cebolla’ Rodríguez de la línea y el zurdo se metió en la conversación del medio. Tan conversado fue el duelo que el clásico tuvo jugadas ásperas, discusiones y peleas.

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Pastore, la llave a la puerta del gol

Javier fue quién más espacios encontró a la espalda del doble cinco uruguayo entre González y Ríos, celosos junto con Lodeiro por seguir a Messi y que Lio no encuentre lugar para hacer de las suyas.

Así, en el primer tiempo el cordobés habilitó a Di María por derecha y abasteció a Agüero en los últimos metros. Y fue en el gol cuando apareció en todo su esplendor para juntar dos hombres al borde del área, girar al revés -¡de potrero!- y asistir a Zabaleta para que envíe el centro que Agüero cabeceó con un gran anticipo ofensivo.

Luego, el equipo sufrió y Martino, que había sido cuestionado luego del empate ante Paraguay por no cerrar el partido, esta vez realizó tres cambios en los que pasó de cuatro delanteros a dos, con cuatro medios de marca.

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Argentina volvió a demostrar otra vez dos caras: una cuando ataca y otra muy distinta cuando saca ventaja y se reagrupa hacia atrás sin la pelota y sufre.

Demasiado. Con Uruguay siempre es así. Así son los clásicos, y este, el más viejo del mundo, se juega y se transpira como ningún otro partido.

 

 

 

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