A 48 años del crimen “tabú” de Robledo Puch

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En junio de 1971, Robledo ejecutó a una joven de 16 años en la Panamericana. El brutal asesinato que marcó un antes y un después en su relación con Ibáñez.

Virginia Eleuteria Rodríguez había intentado suicidarse dos veces. Primero probó con veneno para hormigas. Después se tiró a las vías de un tren. Se salvó. El veneno no había sido suficiente para matarla y el maquinista frenó justo a tiempo. La joven de 16 años sentía que su vida era un infierno. La echaron del trabajo, no podía llevar dinero a su casa para sus hermanos (sus padres habían fallecido hacía tiempo) y quería liberarse del proxeneta que la esclavizaba para que se prostituyera. La noche del 13 de junio de 1971, hace casi 48 años, sin saberlo, encontró la muerte. Se cruzó en su camino Carlos Eduardo Robledo Puch, el ángel negro. Y a diferencia del veneno y el tren, no falló.

La ejecutó a tres metros de distancia, por la espalda, de cinco balazos. La chica se desplomó. Jorge Ibáñez, el cómplice de Robledo, se bajó del auto y le revisó la cartera: se quedó con mil quinientos pesos moneda nacional. Es una miseria: apenas les alcanza para una cerveza. Dejaron el cuerpo al costado de la ruta.

La quinta víctima de Robledo marcó un quiebre en la relación con su amigo. Las cosas no volvieron a ser como antes, como si el juramento de matar a quienes se interpusieran en el raid criminal que duró poco más de once meses se hubiese roto.

Quizá todo se precipitó cuando horas antes de ese femicidio, Ibáñez desapareció del hotel Tren Mixto, en Constitución, donde compartía pieza con Robledo. Volvió y le dijo: «Acabo de boletear a un sereno acá a la vuelta». Robledo le recriminó que se hubiera «cortado solo».El sereno asesinado sería Jacinto Novare, cuyo crimen quedó impune.

Al mismo tiempo, Robledo comenzaba a sentirse desplazado por dos factores: el ansia de fama de Ibáñez (se había presentado en Música en Libertad y frecuentaba el jet set a partir de su amistad con el artista plástico Federico Klemm) y la incorporación a la banda de Héctor Somoza, que pasó a tener mejor relación con Ibáñez que con Robledo.

Eso no es todo. Después de ese encuentro en Constitución, los dos se subieron al auto e Ibáñez le dijo a Robledo: «Vamos a buscar alguna minita».

Todo esto según la confesión de Robledo Puch ante la Policía, que figura en el expediente.

Robledo, su depresión y los enigmas de sus crímenes

Desde hace diez días, Robledo Puch se recupera de una neumonía multifocal que lo llevó, primero, a la internación en el Hospital Municipal de Olavarría, a doce kilómetros de la cárcel de Sierra Chica, donde cumple condena perpetua por tiempo indeterminado por 11 asesinatos cometidos entre 1971 y 1972. Ahora está alojado en el hospital de la cárcel de Olmos.

Puch está deprimido. Y sufre de asma y tiene EPOC, además de una obstrucción intestinal. «No quiero volver a la cárcel. Además hay un plan orquestado desde hace años para matarme, porque sé la verdad de todo esto. La Justicia no me quiere vivo, porque si hablo se va a demostrar que encarcelaron 47 años a un inocente», le dijo al cura que lo visita.

Se pudo conocer que solo a tres personas les dijo que había matado (no está claro que les confesó a los curas que lo confesaron ni a los pastores evangélicos que recibía en su celda).

«A mí me dijo que mató a 20», aseguró Raffo«El pibe se hizo cargo de tres o cuatro boletas, el resto se la cargaron a la cuenta», asegura el Gordo Luis Valor, ex asaltante de blindados y líder de la superbanda. El otro rufián, cuyo nombre se mantiene en reserva, dijo que Robledo le contó con detalles cada uno de sus asesinatos.

Pero solo él tiene la verdad. No le quedaron sus cómplices, los peritos (de la defensa y acusadores) y los jueces que lo acusaron, murieron. Los familiares de sus víctimas quedaron aterrorizados o también dejaron este mundo. Hasta el hermano de Ibáñez falleció hace un año y se suponía que sabía más de lo que había dicho.

Aquella profecía de Robledo se cumple casi a la perfección: «Todos a mi alrededor mueren, los que estuvieron en el caso, sobre todo. Y yo quedo solo, más solo que antes, muriendo cada día, cada hora, viviendo este suplicio que no se termina».

FUENTE: Infobae

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