Debate abierto en el Gobierno: ¿cómo sigue la política después del dólar?

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La reducción del déficit se recorta como objetivo central. Y en paralelo, se anota la necesidad de distender el clima social. Para un sector del oficialismo, esos desafíos agotarían la estrategia.

Después de los últimos cimbronazos y a pesar de la calma en el inicio de la semana, nadie se anima a jurar que esta vez sí empieza a ser superada la crisis cambiaria. Sigue siendo un tema central, en un país dólar dependiente y enfermo de inflación desde hace décadas. Pero la discusión en el circuito interno del Gobierno gira no sólo en torno de la receta para enfrentar el cuadro actual, sino además alrededor de otro interrogante: ¿cómo seguir después del vendaval, en tiempos largos de ajuste?

Desde los días que marcaron la vuelta a las negociaciones con el FMI, e incluso un poco antes, en el tablero del gobierno las prioridades quedaron resumidas, podría decirse, en tres puntos. Los esfuerzos para amortiguar la tormenta del dólar, las líneas de trabajo para atender el frente social – es decir, las negociaciones con los jefes sindicales y con los movimientos sociales- y las conversaciones con los gobernadores para asegurar un Presupuesto podado para reducir el déficit.

El trazo grueso de esos objetivos refleja coincidencias en el interior del oficialismo, aunque con aristas difíciles y algunas cuestiones aún no saldadas. En ese último renglón sobresalen las conversaciones y pulseadas con María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, apuntados por los gobernadores peronistas que -como moneda de cambio para un acuerdo presupuestario- reclaman que la provincia y la ciudad de Buenos Aires se hagan cargo de servicios hoy en manos del Estado nacional.

De todos modos, parece más o menos claro que en primer lugar hay que calmar las aguas agitadas por la escalada del dólar y sus efectos más amplios sobre la economía, empezando por la inflación. Nicolás Dujovne, con mayor poder en el área económica, y Luis Caputo, al frente del Banco Central, son los principales responsables de los movimientos que se suceden para poner en caja el dólar. En rigor, para intentar que los factores locales no potencien en grado extremo el impacto de los condicionantes externos.

Ese objetivo, más allá de otros juicios de valor sobre cada medida en concreto, no es discutido. El sentido común indica que sin contener ese frente, poco podría pensarse en políticas de mediano aliento. Pero el problema es precisamente ese: un sector parece atado la poda del déficit casi como meta excluyente también en el terreno político y otro sostiene la necesidad de sumar objetivos políticos más amplios, pensando además en que el acuerdo presupuestario, si se concreta, sería tal vez el último capítulo de entendimientos con la oposición. Después, la campaña iría ocupando todos los espacios.

Las opiniones diferentes en la interna del Gobierno no exponen posiciones inalterables ni generan líneas infranqueables. Pero si se trata de agrupar sillas de un lado y otro de la mesa que tiene en la cabecera a Mauricio Macri, puede decirse que de un lado se sientan Jaime Durán Barba, Marcos Peña y su equipo, y Fernando de Andreis. Y del otro, Vidal, Larreta, Rogelio Frigerio, eventualmente algunos socios radicales y, últimamente, el amigo presidencial Nicolás Caputo.

Se ha dicho: hay puntos que parecen fuera de discusión, compartidos. En primer lugar, la necesidad imperiosa de contener el dólar y darle cierta previsibilidad a los “mercados”. En segundo lugar y atado al primero, terminar de definir un esquema de recorte del déficit que demanda un entendimiento con el peronismo de los gobernadores para traducirlo en el Congreso. Y en tercer lugar, buscar acuerdos para descomprimir el frente social.

El trabajo político también o sobre todo en este terreno es central, aunque en un sentido tal vez sea poco visible. En rigor, se trata casi de un presupuesto para serenar el clima general y comenzar a darse una estrategia política que contemple la recuperación de la iniciativa, y que la recupere en la perspectiva de la aceleración de la competencia electoral. Esto último divide aguas entre quienes mantienen trato más cercano con el Presidente.

Existen señales públicas, con lectura bastante clara en base a ese cuadro de situación. Jorge Triaca viene trabajando en un nuevo esquema de paritarias, más realista y orientado también a distender la relación con los referentes de la CGT. El nuevo esquema asimila un piso de 20 por ciento de aumento y cláusula de revisión inmediata o en el mediano plazo: lo que está sobre la mesa son cifras que al final del camino rondarían el 25 por ciento, al menos. Ayer mismo, Comercio inició un tanda de tratativas que en breve sumaría a la UTA, la construcción, aguas y luz y fuerza, entre otros.

En paralelo, fueron retomadas las conversaciones de primer nivel, ya no sólo de segundas líneas, entre el ministerio a cargo de Carolina Stanley y los dirigentes de los movimientos sociales que integran el “Triunvirato de San Cayetano”, que adquirió ese rótulo por algunas demostraciones masivas con eje en la iglesia del patrono del pan y del trabajo, y por la relación directa de algunos de sus referentes con el papa Francisco. Esos contactos derivaron en la cita de hoy con la ministro. Son movimientos para atender problemas concretos, antes que para definir estrategias a futuro.

El punto que se viene planteando abiertamente y desde hace semanas en el núcleo más cercano a Macri es, en definitiva, si el ajuste o la necesaria meta de reducción del déficit puede agotar toda la estrategia del Gobierno, junto con los cuidados para atemperar algunos de sus efectos sociales.

La negociación con los gobernadores peronistas es otro recurso motorizado en función de rubros concretos, algunos apremiantes, como fue el respaldo al recorte del déficit expresado el fin de semana último para dar una señal política que, se dijo, reclamaban los “mercados”. Y hacia adelante, todo remite a la aprobación del Presupuesto y el modo de compartir la poda de recursos, en el mejor de los casos.

El Presidente ha dado señales concretas hacia el interior de su gabinete. Esos son los ejes centrales, incluso al costo de una difícil pulseada con la gobernadora bonaerense y el jefe de Gobierno porteño, en guardia frente a las presiones de los jefes provinciales del PJ para cerrar trato en materia presupuestaria para el año próximo. Además del argumento lineal atribuido a Durán Barba, pesan las posiciones de Peña que, sin embargo, atiende algunos de los planteos que surgen en la mesa chica del oficialismo. Algunos de los cambios ministeriales pasaron por el mismo debate interno.

Pero, ¿cuáles serían los temas que buscaría empujar el Gobierno en un sentido más amplio? ¿Un paquete mínimo para revitalizar la producción? ¿La preservación de un plan razonable de infraestructura aún con las limitaciones del ajuste? ¿Un acuerdo con los gobernadores que incluya puntos de esa naturaleza?

Paradójicamente, la carencia de respuesta a ese desafío quedaría más expuesta, a la intemperie, si finalmente logran aquietarse las aguas financieras y se garantizan meses más distendidos con los jefes sindicales y las conducciones de los movimientos sociales. La agenda, entonces, no estaría atada sólo a las urgencias. Y la letra política volvería a depender de la iniciativa.

FUENTE: Infobae 

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