Hacía un año y medio la Municipalidad había conseguido trasladarlo a una pensión. Anoche sufrió una descompensación y murió esta mañana en el Hospital Iturraspe.

Juan Alfonso

Juan Alfonso, en una imagen de 2014, cuando todavía vivía en la calle.

En la mañana de este lunes se apagó la vida de Juan Alfonso (65), el hombre que se hizo conocido tras vivir muchos años en la playa de estacionamiento del pasaje Neuquén , a metros de la Terminal de Ómnibus de San Francisco. Anoche se descompensó mientras estaba en la pensión en la que vivía y fue trasladado al Hospital Iturraspe, donde murió esta mañana a causa de una arritmia cardíaca, confirmó a El Periódico el director de Desarrollo Social de la Municipalidad, Andres Manías.

Pese a que en una entrevista con este medio realizada en 2014 aseguraba que no quería irse de ese lugar en la calle, en los primeros días de 2016 había aceptado mudarse a una pensión de barrio Sarmiento , gracias a las gestiones de amigos y la intervención del municipio. Conocido popularmente como “Bin Laden”, por su larga barba, su aspecto había mejorado notablemente y aseguraba que estaba contento con la decisión de abandonar la calle.

Alfonso pasaba todas las semanas por la sede de El Periódico para retirar un ejemplar y más de una vez se quedaba comentando las noticias, además de relatar cómo era su nueva vida. Entre otras cosas, contaba que era músico y que había vuelto a escribir partituras, de las cuales algunas las obsequió en sus visitas al diario.

Desde el municipio señalaron que no tenía familiares y que se iniciarán los trámites para que sea velado en Di Monte.

Desde 2001

Con intermitencias, Alfonso vivió desde el 2001 en la calle frente a la playa de estacionamiento General Mosconi. “Yo no le debo a nadie, no maté, no robé, no violé a nadie. Pero estoy en la calle desde el 2001, sin trabajo ni salario”, se quejaba Alfonso en una entrevista en el mes de Mayo de 2014. Juan aseguró que antes de quedar en la calle había sido mozo, cuidador de caballos, cadete, vendedor de rifas y hasta trabajó en una bodega sanjuanina un par de años.

Según contó, se la rebuscaba pidiendo dinero y comida en comedores y bares. Cuando se lo consultó sobre si estaría dispuesto a vivir en un hogar de ancianos, fue tajante en su respuesta: “Yo no quiero ir ahí, no quiero encerrarme”, respondió.

Fuente: El Periódico

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