Esta tradición centenaria, que se festeja en el noroeste del país, comprende diferentes rituales, que van de la purificación al agradecimiento.

Siglos antes de la contaminación ambiental, los pueblos andinos ya tenían una profunda conciencia con respecto al cuidado de la tierra, el respeto por sus frutos, animales y vegetales, un entendimiento más profundo sobre lo que significa ser hijos de la Tierra, de la Pacha, de la Pachamama.

Si bien no es un feriado nacional, el ritual es vivido como un día tan o más importante que otras celebraciones post independendistas en esta parte del país.

¿Qué es la Pachamama?

La Pachamama es, ante todo, una deidad, para algunos historiadores tiene orígenes aymara (kollas), pobladores de la meseta andina del lago Titicaca, que se distribuyeron entre el occidente de Bolivia, el sur del Perú y el norte Grande de Chile.

Sin embargo, su expansión se la debe al Imperio Inca (Tahuantinsuyo), que saliendo de Perú llegó hasta Colombia, en el norte del continente, y Mendoza, en el sur.

De acuerdo al libro Seres Mitológicos Argentinos, de Adolfo Colombres, “se la describe como una india de baja estatura, cabezona y de grandes pies, que lleva sombrero alón y calza enormes ojotas. Vive en los cerros y a menudo la acompaña un perro negro y muy bravo. La víbora es su lazo y el quirquincho su cerdo. Carga a veces petacas de cuero llenas de oro y plata. Es celosa, rencorosa y vengativa, pero si alguien le cae en gracia lo favorece. Cuando se enoja, manda el trueno y la tormenta”.

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