El crimen de Paola no fue femicidio porque no hubo relación desigual de poder

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En el crimen de Paola Acosta no hubo femicidio porque no existió entre ella y el victimario Gonzalo Lizarralde  una relación desigual de poder y porque la víctima, lejos de colocarse en un rol de sumisión, «se mostró como una persona decidida a defender su derecho y los de su hija».

Este mediodía se divulgaron los fundamentos de la condena a prisión perpetua a Lizarralde por el homicidio agravado por alevosía de Paola y la tentativa de homicidio calificado por el vínculo y por alevosía de la hijita de ambos, ML. Este fue el epílogo de una triste y violenta historia ocurrida a mediados de setiembre de 2014, que culminó con ambas mujeres con profundas heridas, particularmente en el cuello, y arrojadas a una alcantarilla. Providencialmente, tras 80 días de permanecer en ese inhóspito lugar, la pequeña de poco más de un año de vida logró sobrevivir.

Del veredicto unánime del jurado popular, hoy se conocieron las conclusiones a cargo del tribunal integrado por Susana Frascaroli (presidente y autora del primer voto), Daniel Ferrer Vieyra y Graciela Bordoy de Pizzicari.

Al hablar del homicidio de Paola, Frascaroli sostiene que fue calificado por alevosía porque el victimario «preordena (el crimen) de modo tal de evitar la reacción de la víctima o de un tercero y así poder dar muerte a la primera con mayores chances de lograr el resultado querido, a ocultas de cualquier auxilio exterior, frente a víctimas desprevenidas e indefensas: la madre por su diferencia de tamaño comparado con el del matador y porque cargaba en brazos a su pequeña hija; esta, porque era incapaz de valerse por sus propios medios». Igual criterio aplica con ML porque al morir su madre «quedó la niña a merced de su agresor, sin posibilidad alguna de que su madre o un tercero le brindara cualquier tipo de auxilio».

Como es sabido, el agravante por el vínculo con Paola quedó descartado por los propios acusadores. El tribunal sostiene que no corresponde ese calificante porque la relación «no fue estable, sólo se extendió por un lapso de alrededor de seis meses, de los cuales el mayor tiempo fue a través de la red social Facebook, y sólo tuvieron tres o cuatro encuentros íntimos, en uno de los cuales fue concebida la menor».

Femicidio

Respecto del rechazo a la figura del femicidio, el voto de la vocal Frascaroli incluye una previa y extensa mención a un amplio marco normativo, que incluye a la Conferencia Mundial de la Mujer, la Convención de Belem do Pará, la ley 26.485 y al propio Tribunal Superior de Justicia provincial, entre otros.

Además, la camarista cita a Jorge Buompadre (Violencia de género, femicidio y derecho penal: los nuevos delitos de género) quien sostiene que «el asesinato de cualquier mujer (…) no implica siempre y en todo caso femicidio», sino que debe existir «una situación de subordinación y sometimiento de la mujer hacia el varón, basada en una relación desigual de poder». En tal sentido, el autor indica que la conducta típica es «la relación desigual de poder», que es lo que justifica «la agravación de la pena cuando el autor del homicidio es un hombre y la víctima una mujer».

Yendo al caso en sí, el voto describe primero en este punto aspectos de la relación entre Paola y Lizarralde. Dice que ella «no estaba enamorada, ni enganchada, lo único que la ilusionaba era su hija», según relató un amigo confidente.

La argumentación de Frascaroli arranca con una serie de preguntas: «¿Fue esta relación realmente asimétrica, desigual, como lo exige la ley? ¿Ejerció realmente Lizarralde sobre Paola un poder generador de sumisión, daño, sufrimiento, imposición de una voluntad, dominación y sometimiento, que son las conductas y secuelas propias de la violencia de género? ¿Existió en este caso, además de ser sus protagonistas un hombre y una mujer, un componente subjetivo, misógino, que es lo que guía la conducta del autor, esto es, causar un daño por el hecho de ser mujer?».

Luego, el fundamento comienza a enumerar una serie de características presentes en esa relación entre los progenitores de ML. Sostiene la vocal que Paola «no fue dócil» frente «a la postura que asumió Lizarralde (sobre su paternidad)». Citando la acusación, sostiene que no asumió esa actitud de sumisión «sino que decidió empoderarse en defensa de sus derechos y los de su hija», tras lo cual enumera la serie de acciones que concretó la mamá para refirmar la situación de ML.

Concluyendo este punto, la presidente del tribunal recuerda: «Para que exista ‘violencia de género’ hemos visto que se exige la presencia de una ‘víctima mujer vulnerable’ y la existencia de ‘relaciones de desigualdad y de poder asimétricas entre los sexos, que subordinen a la mujer'».

Tras esto, la camarista concluye que «estas condiciones no existen en el presente caso» y que no hubo «una relación desigual de poder».

Además, vuelve a citar a la fiscal Eve Flores quien «describe a Paola Acosta diciendo que ‘no se trataba de una mujer que se colocaba a sí misma en el rol fijado socioculturalmente para el género femenino, que tolera y soporta toda conducta abusiva del hombre, sino que muy por el contrario, se mostró como una persona decidida a defender su derecho y los de su hija'».

Por eso, Frascaroli sostiene: «Todo lo dicho nos aleja de esa mujer vulnerable, sumisa, dominada, víctima de una desigualdad de poder y nos coloca frente a una mujer fuerte, decidida, pero atacada sorpresiva y alevosamente, en un momento en que seguramente ni imaginó que algo podía sucederle durante su encuentro con Lizarralde».

Elogio y crítica

El voto cuenta con la adhesión de Ferrer Vieyra y Bordoy de Pizzicari.

Pero, además, el primero formula un agregado en el que destaca «la valentía con que los señores jurados populares desempeñaron su cargo» y añade: «Pese a las presiones de algunos operadores para que en este juicio se decidiera que existió ‘violencia de género’ y se concluyera aplicando la figura de ‘femicidio’, el jurado examinó con minuciosidad cada prueba y constancia de la causa, para terminar descartando de plano tal concurrencia».

En otro tramo, Ferrer Vieyra critica a «quienes, sin haber estado durante el debate y sin conocer los fundamentos de esta sentencia, se apresuraron a criticar con duros términos el veredicto».