La Vela pisa el freno: «Cumplimos 20 años y nos tomamos un tiempito»

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Sebastián Teysera es la representación más icónica de La Vela Puerca. No es la única voz, pero es el principal compositor de la banda que se mueve a las dos orillas del Río de la Plata con la misma versatilidad. La banda le abrió la puerta al mundo al rock uruguayo y detrás de ellos asomó una cantidad de grupos que siguieron la senda y crecieron tras los pioneros. Este año ya hicieron dos Luna Park y tienen otro vendido para julio, y no parece haber barreras para la banda montevideana que más influenció en este país y que le puso su sello a algo así como el «sonido uruguayo».

En diciembre cumplen 20 años desde su debut -un 24, en la vereda de un bar- y por estos días de giras y presentaciones la Vela se plantea ponerle una pausa a su carrera, para continuar más adelante. No son las ganas de trazar caminos solistas -al menos en la cabeza del Enano, que reveló en esta entrevista la posibilidad del parate-, sino contar con tiempo para otras inquietudes y dedicarle espacio a anhelos postergados. La idea, asegura, es seguir después del descanso.

 

-¿Cómo recordás esa época primal, cuando todavía no eran masivos?

Era maratónico. Venir en la Cacciola… Las primeras vueltas acá en Buenos Aires dormíamos arriba del escenario en el que habíamos tocado. Después los bondis en las giras por acá, un montón de gente durmiendo donde se podía, cosas de mucho sacrificio. La edad que teníamos acompañaba toda esa aventura mejor que ahora. Siempre nos gustó. La banda comenzó porque nosotros antes éramos amigos, entonces lo vivíamos como unas vacaciones. Era un lindo sacrificio. Grande, pero estaba buenísimo. Si aparecía un hotel era la gloria, aunque seamos seis en la misma habitación. Lo recuerdo con mucho cariño y en gran parte eso nos fue puliendo para ser quiénes y cómo somos ahora.

-¿Queda algo de aquello hoy?

Una experiencia increíble y recuerdos alucinantes. Pero también el hecho de ni querer perder eso tampoco. Si bien acá podemos hacer tres o cuatro Luna Park y en Montevideo el Velódromo para 15 mil personas, cuando vamos a Alemania, la gira es en bondi, no ves un hotel y el bondi es tu casa. Te van a ver 250 personas y para nosotros es súper sano vivir esas dos realidades tan opuestas porque nos hace acordar aquellos primeros tiempos y nos hace acordar que no todo es fácil. Que siempre hay que pelearla y que después de 20 años salís a tocar ante gente que nunca te escuchó en la vida. Son cuestiones que te dejan enseñanzas, por ejemplo no frustrarte porque «bajaste» diez casilleros porque en un lugar tocaste para 15 mil y ahora lo hiciste para 200. Los pies en la tierra, loco.

-¿Y a esta altura se bancan esos shows más terrenales?

Sí, sí. Se banca porque los valoramos. Es salud mental y salud del alma vivir esas cosas aunque ahora tenga 42 años. En vez de pedir habitaciones más grandes, lo único que hacemos es dormir más y no quedarnos de joda por ahí (risas), porque al otro día tenés que tocar otra vez y son dos horas de show que tenés que dar todo. Medio pedo ya te lo cobra, viste como es a esta altura.
-¿Y qué extrañás?

Que no me entre otra data en la cabeza. Hace muchos años que no me entra otra cosa que no sea música. Me doy contra cosas que requieren su tiempo y no lo tengo. Me doy maña con la carpintería y quiero profundizar un poco, hacer un curso… Quiero hacer otras cosas. Dibujaba de chico, pintaba al óleo: nunca más. Retomar lo que hacía, que me entre otra información en la cabeza, aprender. Cosas que requieren su tiempo y que no puedo, porque esto demanda 100 por ciento. Lo que pasa es que esta banda tuvo cinco meses de descanso en 20 años. Y ahora estamos hablando si no nos tomamos de nuevo un rato más.

-¿Lo hablaron seriamente o se están tanteando?

Está en el aire la charla. Se nos ocurrió también porque es como decir «cumplimos 20 años, pin, nos tomamos un tiempito y arrancamos de nuevo».

-20 años y un respiro…

Tá. Ponele, suena bien (risas). Si lo hacemos a los 18 no suena. Como que a los 20 queda bien. Nos tomamos seis meses, qué sé yo. Un año sabático y después seguimos.

-Pero después siguen, no evalúan un punto final, ¿o sí?

No, claro. Aparte yo te digo un año y a los seis meses al Mandril lo tenés por teléfono: «Che Enano, qué hacemos». A veces volvemos de gira y tenemos una semana o 10 días de vacaciones y al tercer día te llama y yo le digo: «No sé Nico, hacé 20 lagartijas, corré dos vueltas manzanas, no rompas los huevos».

-¿Hay algo de lo que estás aburrido?

Hay cosas que me aburren por épocas. Las giras, lógicamente a fin de año me aburren más que a a principio de año. Después de las vacaciones vienen las giras y vos estás con todas las pilas. Pero después la parábola va cayendo y llega octubre, te vas cansando y te cuesta un poco más salir de tu casa. Pero eso es lo único que creo que me cansa. Los kilómetros, también. La espera ¡Esperar! Esperar cosas, esperar que salga la camioneta, esperar la prueba de sonido, esperar para tocar, esperar para comer… Eso también va desgastando. Y la sensación extraña de saber ahora dónde voy a estar en diciembre de este año o en abril del que viene. Eso me da un poquito de miedo, es extraño.

-Siempre escribiste las letras, quieras o no tenías desde el vamos un rol protagónico. ¿Con el tiempo te volviste más personalista?

¿Personalista? ¿Cómo sería?

-Inicialmente, al menos en la escena, uno veía un tandem entre vos y Cebolla y ahora estás siempre en el centro y él es un satélite.

Ahhh, no. Eso es vejez, pura vejez (risas). Es que aquel es más joven. ¡No seas malo! Sigue saltando. Yo antes saltaba, estábamos en esa, prendidos fuego, y ahora me cuesta un poco más. Y él con su juventud sigue siendo un resorte. Pero fuera de broma, te diría que no (soy más personalista que antes), que de hecho es al revés. Antes me sentía más solo que ahora, con la mochila de las canciones, la música, las letras. Mismo los arreglos. En el primer disco decía cuál era la línea de bajo, como era esto, la guitarra. Tratando de convencerlos de que eran músicos y podían hacer canciones. El único que me dio bola de entrada fue el Cebolla. Dijo «lo voy a intentar, voy a hacer una canción, una letra». Por eso ahora lo veo más compartido, cada vez hay más canciones de él en los discos y está buenísimo. Yo siempre decía que era un embole que uno solo escriba, lógicamente yo tiendo a repetirme, o a hablar de lo mismo, hablar de la misma manera y está bueno que haya otro que le de otro punto de vista. Ahora lo veo más compartido. No en el escenario por lo que te dije antes, pero en la interna… sí.

-¿Te agobiaste alguna vez entonces de esa soledad en la composición?

Una vez estaba muy cansado y pasé un poco la posta. Hablé con el Mandril y con el Cebolla y les dije bueno loco tiren ustedes un poco algo. Yo me abro un poco para tomar de nuevo carrera y después seguimos.

-¿Con qué cargás pilas para tomar de nuevo esa carrera?

Ahora en mi casa. Me mudé a 90 kilómetros de Montevideo hace cinco años. Vivo en una sierra al lado de la playa y somos 20 familias que viven ahí y está perfecto. Encontré la dinámica perfecta entre la intensidad de las giras y todo eso, que te demanda mucha energía y después llegaba a mi casa y estoy con los perros, las gallinas, voy a pescar. Pesque o no, la historia es tirar y mirar el mar, pensar. El jardín, podar, regar. En Montevideo no lo hacía, llegaba y seguía de gira, te encontrás con los amigos, «Vamos a tomar algo». Ahora no. Me recluyo en mi casa. Y si en mi casa me estreso, me voy a pescar. Ahora me estoy por hacer socio del club de bochas (risas). Y ahí ya está: desaparecí.

-¿Fantaseás con el hecho de desaparecer, de que se acabe el proyecto, o es un tabú?

Mirá, una de las cosas que sabe la banda es que todo esto tiene un final. Es una virtud que tiene esta banda, saber eso. Por eso vivimos el presente como lo vivimos. Nunca tuve una banda seria antes. Entonces si me hago solista, tengo que llamar a los mismos músicos que ya conozco, con la gente que ya sé laburar. Sebastián Teysera solista, suena horrible. Entonces le pongo otro nombre, le pongo «Convexos», pero seguiríamos siendo los mismos. ¿Pa’ qué? ¿Con quién voy a laburar? Con la gente con la que sé laburar, con los que fluyo… El día que venga un buen amigo de verdad y me diga: «Enano, por favor, no te subas más a un escenario porque es un papelón», bueno, ahí me bajaré.

-¿Pensás que no te vas a dar cuenta, que te lo tienen que decir?

Creo que me lo van a decir antes de que yo me dé cuenta (risas). No sé por qué, pero creo que va a ser así.

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